opinión

¿Y si me deporta Trump?

AP

Esa es la pregunta que se hacen muchos de los 11 millones de indocumentados que viven en Estados Unidos. Y tienen razón. Se basan exclusivamente en lo que ha dicho Donald Trump en la campaña presidencial. Nada más. Por eso hay tanto temor en la comunidad hispana de Estados Unidos.

Es ridículo el tratar de normalizar a Donald Trump. Yo sí le creo. Trump de verdad piensa que los inmigrantes mexicanos son criminales y violadores, como dijo literalmente el 16 de junio del 2015. Está equivocado. Pero eso es lo que piensa.

En el intento de normalizar a un candidato extremista como Trump, sus seguidores nos piden que no tomemos literalmente lo que ha dicho. Pero ¿cómo no tomar en serio las palabras del próximo presidente de Estados Unidos?

Algunos trumpistas, con sed de venganza, nos acusan a los periodistas de sembrar miedo en la comunidad Latina al hablar de deportaciones masivas. Pero quisiera corregirlos aquí: quien ha creado miedo es el mismo Trump; nosotros solo hemos reportado lo que ha dicho. Y lo que ha dicho es que quiere deportar a millones.

En su última entrevista con el programa 60 Minutos, Trump dijo que inicialmente buscaría la deportación de hasta tres millones de indocumentados que, según él, tienen un récord criminal. No sé de dónde sacó esas cifras pero están equivocadas. Solo 690 mil indocumentados han cometido algún tipo de delito serio, según el Migration Policy Institute. No tres millones.

Esos 690 mil inmigrantes con historial delictivo son apenas el 6.3 por ciento del total de la población indocumentada. Eso quiere decir que el 93.7 por ciento de los indocumentados -una vasta mayoría- son gente buena y trabajadora.

Pero el problema va a ser cuando comiencen las redadas buscando a los inmigrantes con antecedentes penales. Ellos, por supuesto, no viven solos. Esas operaciones separarían familias y crearían terror. Anthony Romero, el director de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), ya lo advirtió en una entrevista con MSNBC: hay el riesgo de violaciones a los derechos humanos, arrestos injustificados y detenciones de personas a quienes no estaban buscando.

Nadie estaba preparado para esto. Ni siquiera el gobierno de México. Su Secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu, ofreció un plan de 11 puntos para proteger a los 5.7 millones de mexicanos indocumentados en Estados Unidos. Las medidas incluyen el dar una mayor protección en los 50 consulados y un número telefónico de ayuda. Eso está muy bien y aquí está el video:

 

Pero su pedido de “calma” llega tarde.

No hay ninguna calma entre millones de mexicanos -y centroamericanos- que viven en Estados Unidos. Este asunto no se puede resolver a nivel individual. Es una cuestión de gobiernos. Pero está muy claro que Enrique Peña Nieto ya es un presidente irrelevante y que no tiene ninguna capacidad de negociación frente a Trump -quien lo humilló en una conferencia de prensa en la ciudad de México.

De hecho, la contienda por la presidencia de México en el 2018 será definida, en buena medida, por quien pueda oponerse con efectividad a Trump, su muro y sus redadas. Peña Nieto ya va de salida y es uno de los presidentes más débiles que ha tenido México.

Por eso los alcaldes de las principales ciudades de Estados Unidos -Los Ángeles, Nueva York, Chicago, San Francisco, Denver…- son quienes han asumido la defensa de los indocumentados frente a Trump y mantendrán sus urbes como “santuarios”. En esas ciudades “la migra” no será bienvenida, no darán información personal de sus residentes y los cuerpos de policía no cooperarán con los arrestos.

Lo que nos espera a partir del 20 de enero es una durísima lucha por los derechos de los inmigrantes en Estados Unidos. Que Trump sea el próximo presidente no significa que tiene razón en todo. Trump insistirá en sus planes de deportaciones masivas, las más grandes jamás planeadas aquí. Pero una buena parte del país aún se resiste a las ideas racistas y anti-inmigrantes del ganador de la Casa Blanca. Por algo perdió el voto popular.

Vienen cuatro años muy difíciles.

Sí, yo sí le creo a Trump. El miedo entre los inmigrantes es real. Pero la resistencia también.